100 años de tradición musical
Nuestra historia musical y trayectoria familiar inicia con el abuelo Pedro Pablo Caldera (1906 - 1951) Se dedico exclusivamente a la música con gran dominio sobre el Violín y el Saxofón, fue además compositor y director de la Banda de Concierto del Estado Yaracuy.
Pedro Pablo
Caldera, insigne representante de la música popular yaracuyano, estudio armonía
y fundó la agrupación música: Yaracuy Melody para acompañar celebraciones
religiosas. Entre sus composiciones más
destacadas tenemos:
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- El Agua de los Arroyos (Vals)
- Visión Porteña (Vals)
- Ilusión Soñadora (Vals)
- Yaracuy Hermoso (Vals)
- Corazón en tus manos (Vals)
- Al Partir (Vals)
El abuelo Pedro Pablo junto a su compañera de vida Carmen Mendoza de Caldera, enfermera de profesión tuvieron ocho hijos, todos musicos:
Jacobo (trombom)
Pedro Pablo el popular pepino (saxofón)
Alfredo (trompeta)
Guido (clarinete)
Nelly (canto)
Virginia
(canto)
Aura
(representante y organizadora cultural)
Nelva.
Los nietos de Pedro Pablo forman la 3er generación de músicos, esto gracias al aporte y continuidad musical en la descendencia de Jacobo, Pedro Pablo (popular pepino) y Nelly.
Esta
edición es una ventana para mostrar al mundo y recordar a las instituciones, el
trabajo que por más de 100 años hemos dedicado en hacer música. Cinco
generaciones continúas preparando profesionales y nuevos semilleros para el
futuro, generando aporte a la cultural del Estado Yaracuy. Un verdadero amor por el arte y un
compromiso enorme por continuar una tradición familiar.
¡Crecimos rodeados de música! Ir a una reunión familiar o asistiendo a un evento; en la orquesta toca papá, un hermano o los primos. Desde ahí queremos ser músicos.
Son nuestros padres que bien temprano nos inscriben en la escuela de música. Su tarea es acompañar, llevar y traer a clases, ensayos y presentaciones. Aportando dinero para meriendas, materiales de estudios, uniformes. En casos avanzados la compra de instrumentos profesionales y sin dejar por fuera, su constancia, paciencia y dedicación, sobre todo eso; mucho tiempo.
Algunos padres de nuestra familia han comentado que el estudio musical, es una herramienta que además de ensenar música, refuerza valores como: la disciplina, constancia, dedicación, compañerismo y amor entre muchas otras. Pero a la vez, es una fórmula de mantener a los pequeños ocupados, alejados del ocio, (flojera) los celulares, las compañías no gratas y el mal uso del internet.
La música al igual que el ajedrez, permite desarrollar otras áreas del cerebro, mejora el ánimo, la memoria y la inteligencia emocional, la atención y la concentración. Desarrolla la creatividad y la imaginación, la capacidad analítica para resolver problemas; la sensibilidad, paciencia, tolerancia y perseverancia.
Hacemos habito de estudio que llamamos rutinas. Debemos dominar lecciones de clases (manuales de estudios), estudiar partituras para la orquesta, en fin; la música es un amor con compromisos y responsabilidad, virtudes que nos acompañaran por toda la vida.
Mientras los niños juegan, nosotros estudiamos música. Mientras de jóvenes bailan en una fiesta, nosotros ensayamos en la orquesta o estamos brindando un concierto. En nuestro proyecto de familia, la música acompaña al niño en todo el proceso de crecimiento. Muchos logran graduarse de bachillerato compartiendo estudios musicales y en este punto crítico, debe escoger entre la universidad y la música. Otros adquieren buen dominio y van al área laborar, trabajando en orquestas o agrupaciones musicales.
La mejor cualidad que permite desarrollar la música es la constancia; ese valor de no darse por vencido. Llegamos adultos y al tener nuestros hijos, se repite la historia. La sexta generación ya está entre nosotros, iniciando el ciclo...
El pasado lo necesitamos para recordar a quienes hemos dejado en el camino. Una estrategia necesaria para corregir errores, analizar y replantearnos alternativas que no pudimos ver inicialmente.
El pasado es parte de nosotros (arrepentimiento y madurez) y de seguro hay muchas vivencias que queremos olvidar, intentando borrarlas o desaparecerlas. Es un viaje sin acompañantes y obligatorio para nuestra transformación.
Un encuentro, donde revivimos lo grato y
desagradable de nuestras vidas, activando emociones que creíamos dominadas o
sepultadas. Una fuerza y valor por
enfrentarnos cara a cara con nosotros, para sacar una mejor versión. ¿Estas listo(a) para empreender el
viaje?
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